Estas pasadas semanas, Oskar Lafontaine, ha visitado nuestro país para participar en una conferencia junto a Gaspar Llamazares, acerca del futuro de la izquierda. El mariscal del Sarre, es una referencia de la izquierda socialdemócrata europea desde hace muchos años. Díscípulo de Brandt, siempre se posicionó frente a los sectores posibilistas del ala derecha del SPD, llegando a ser presidente del partido y ministro de economía del primer gobierno rojiverde de Schroeder. Y ante la deriva centrista de este, decidió abandonar todos sus cargos, dedicarse a escribir y desde hace un par de años, liderar a los sectores disidentes del SPD junto a los sindicalistas críticos en WASG, para ahora unirse a los socialistas del PDS en Die Linke, la izquierda, una formación que recoge las posiciones de la nueva izquierda contraria al liberalismo dominante.
A su paso por España, ha dejado dos entrevistas que merecen la pena leer. La primera en El País y la segunda en Público.
Para mi Lafontaine, siempre ha sido una referencia básica de la izquierda europea. En cuanto a su ética, su análisis de la realidad y su visión orgánica. Por eso, me sorprenden mucho en estos días la utilización que hacen de su figura, sectores contrarios a Llamazares en IU, olvidando que Lafontaine no ha renunciado, ni mucho menos, a sus ideas como socialista y demócrata. Si Lafontaine, amigo íntimo y colaborador desde hace mucho de Alfonso Guerra y la Fundación Sistema (que ha publicado muchos de sus libros), estuviera en España, mantendría una posición de enlace entre la izquierda del PSOE (guerristas, borrelistas, izquierda socialista etc…), el mundo sindical y la izquierda renovadora que representan Llamazares y los rojiverdes de IU. No tengo la menor duda. ¿Con qué datos cuento para decir esto? Entre otros, que para hacer realidad la unidad de la nueva izquierda alemana, ha sido necesaria la evolución del antiguo SED del este alemán, al socialismo demócratico. En la nueva izquierda no caben estalinistas ni añorantes del totalitarismo, mal llamado de izquierda. Tampoco deben caber neoliberales embelesados por las “bondades” del mercado.
En esas estamos. A uno y otro lado.