Cuestión de identidades

19 Jul

Desde el triunfo de la imparable Roja, ha surgido a través de algunos medios y/o creadores de opinión, un debate acerca del uso generalizado de la bandera de España en todas las celebraciones pre y post-mundialista. Debate, en cualquier caso un tanto forzado, porque ¿qué bandera pretendían que usáramos quienes animábamos a la selección de  fútbol? La cuestión es, que se quiere llevar de manera torticera algo tan normal como el uso de los símbolos que nos representan como país en una celebración deportiva, a una especie de guerra de banderas frente al uso también importante en distintas regiones de los símbolos que consideran propios.

Yo pertenezco a una generación puente, entre quienes tenían cierta prudencia a la hora del uso de la bandera rojigualda, por obvias razones de simbolismo franquista y quienes, la usan y conocen con la normalidad que consiguen 32 años de democracia. Personalmente, tras quitarme prejuicios heredados, me siento perfectamente cómodo con la bandera de España, el himno etc., sabiendo lo que significan y lo que representan. Sin voces ni correajes. Sin pollos y a ser posible sin toros de Osborne -que son un poco horterillas la verdad… o como diría mi amiga Sandra “poligoneros”- Con respeto y tranquilidad. Otra cosa, es que es cierto que alguna derecha ha intentado hacer propios estos símbolos, que son de todos, y los usan hasta desgastarlos, pero no es menos cierto que también, gracias a que la izquierda o mejor dicho cierta izquierda renunció a ellos y ha pretendido rescatar la tricolor como bandera propia. Error y torpeza histórica, ya que no lo van a lograr mas allá de sectores minoritarios y encima van a ser mal entendidos por quienes, por cuestiones generacionales obvias ya digo, no conocen ni sienten otros colores que los mismos con los que han crecido, han visto en la televisión ganar a deportistas y consideran como propios, por encima de izquierdas o derechas. Por una cuestión de lógica, de oportunidad y de sentido común, las banderas deben dejar de ser un arma arrojadiza y volver a ser un símbolo que nos identifique como país. Ojalá sumemos algún día como señas de identidad también el contar con la menor tasa de paro, la mejor sanidad y las mejores Universidades. A ver si ese día también salimos a la calle con miles de banderas… 🙂

Respeto profundamente a quién solo se sienta identificado con la Senyera o la Ikurriña como banderas que le representan, aunque no comparta en absoluto las aspiraciones político-administrativas de los llamados nacionalismos periféricos. Defiendo una España federal donde ningún ciudadano tenga diferentes derechos que otro por vivir en Valencia, Barcelona o Cádiz -ya saben, mi vena jacobina y afrancesada-. Pero respeto a quien no se siente español y aspira democráticamente a dejar de serlo oficialmente, porque los sentimientos no se regulan. Se comparten o no. ¿Tan difícil es de entender? Una aclaración: se puede ser de izquierdas y ondear la bandera rojigualda; se puede ser republicano y no usar la tricolor; se puede ser castellano y no sentir rechazo por la verdiblanca andaluza o la bandera gallega; se pueden muchas cosas…. o ninguna. Yo, madrileño descendiente de leoneses, vascos, aragoneses… y que reclamo mi identidad castellana, reivindico mi derecho a ser progresista en lo socio-político, republicano en lo administrativo-organizativo y Español en lo sentimental. Con normalidad y porque me da la gana, entre otras cosas.

Que nadie se engañe: lo importante de estos días, es que tras la marea rojigualda, no hay nada más y nada menos, que la representación en la calle de la normalidad democrática de un país, que ha logrado que tras muchos años en que sus símbolos estatales eran vistos “algo extraño” a causa de los 40 años de oscuridad franquista, tengamos una generación que reclama con normalidad y alegría poder usarlos para celebrar un triunfo deportivo, sin pedir perdón por ello. Sin querer agredir a nadie. Sin buscarle coartadas políticas. Simplemente porque sí. ¿Porqué buscamos explicaciones metafísicas a lo que es normal?

Y por cierto, que bien jugó España, que bueno es Casillas –solo le falla ser del Real Madrid, si le fichara el Atleti perfecto…– y que niños mas guapos va a tener.  ¡Viva España! y… ¡Viva Fuentealbillla!

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4 comentarios to “Cuestión de identidades”

  1. Opinión de Progreso 21 de julio de 2010 a 11:59 am #

    Oscar, estoy completamente deacuerdo en lo que muestras en éste artículo.
    Yo al igual que tú me siento español y eso está por encima de derechas e izquierdas, y el fanático dolor de cabeza de los nacionalistas es algo que ni entiendo, ni comparto, por supuesto tolero y estoy a favor que cada uno defienda lo que crea (dentro de un orden riguroso y equitativo, algo imposible con esta Ley electoral que tenemos).
    Felicidades por mostrarnos que hay gente del PSOE que todavía ve la luz al final de l tunel, y que por mucho que digan o manifiesten sus máximos dirigentes, no encuentran motivos para no decir “SOY ESPAÑOL”.
    Me gustaría que el Sr. Zapatero (Presidente y Sec. Gral del PSOE) tuviese ese mismo sentimiento y así lo mostrase en público, otro gallo nos cantaría

    un saludo Oscar.

  2. Ciudadano 21 de julio de 2010 a 3:03 pm #

    Pues yo me he alegrado mucho con la victoria de la selección y me he sentido orgulloso del equipazo (y del entrenador) que tenemos.

    También me pasó cuando ganó la copa de europa mi equipo (que no es, precisamente el Atleti, Oscar).

    Aun ásí, y respetando totalmente los comportamientos y actitudes de todos, no acabo de comprender el énfasis en la bandera (sobre todo el que ya estaba creciendo antes del evento deportivo). Me parece un pelín vacio de contenido moral, el tomarte la preocupación de comprar una bandera (del madrid o de España) y colgarla en el balcón o en el retrovisor del coche.

    Nada que objetar. Quien la lleva, te dice que se siente orgulloso de ser español.

    Yo también soy español, y madrileño, y voto a partidos de izquierdas, y estudíe en la complutense, y me crié en Carabanchel, y tengo gente estupenda a mi alrededor. Sin embargo, Se puede estar orgulloso de algo y no airearlo a todo el mundo.

    Soy varón y nunca se me ocurriría colgar un falo de plastico en el retrovisor de mi coche, para que lo viera el señor/a que se para en el semáforo a mi lado. Creo que no viene demasiado a cuento.

    Y es que hay quien dice, que es una pena que haya habido que ganar un mundial para poder ondear la bandera. No lo comparto. No me molestan las banderas. Más bién, no acabo de comprenderlas.

    Cuestión de gustos, de estética y de querer llamar un poco la atención.

    ¿que nos parecería si la población marroquí, rumana o boliviana de nuestro pueblo, colgaran su bandera en las ventanas?¿Lo viviríamos con la misma normalidad o como una provocación?¿Y si alguien colgara la de la ONU, organimos al que también estoy orgulloso de pertenecer?

  3. Juan Carlos 21 de julio de 2010 a 8:08 pm #

    Oscar, te felicito por esta lúcida reflexión acerca del uso de los símbolos nacionales.
    En parte estoy de acuerdo con Ciudadano en que no es estríctamente necesario el airear algo de lo que se está orgulloso, pero pienso que en España (o las Españas)es muy positivo tener algo, aunque solo sea un “trapo”, que nos una y nos identifique como pueblo en lugar de agotarnos con tantos hechos diferenciales que sólo hacen restar y provocar enfrentamientos absurdos entre personas que, hístórica y culturalmente, tenemos muchas más semejanzas que lo que nos quieren hacer creer desde ciertos sectores.
    Me alegra tu vena jacobina porque Francia, para mí, es buen ejemplo a seguir.¿hay algún francés, de Alsacia o de Bretaña, de izquierdas o de derechas que no se sienta orgulloso cuando escucha La Marsellesa con todo lo que ello implica?.

  4. oscar 22 de julio de 2010 a 7:44 am #

    Ciudadano, si los marroquies, rumanos o alemanes (los holandeses no, que a esos les hubieramos montado un pollo por los guarros que fueron…) colgaran sus banderas en el balcón, a mi me parecería lógico y normal. Pero fíjate por ejemplo la cantidad de sudamericanos, inmigrantes, que han ondeado la bandera de España. Recuerdo que estuve en Suiza unas semanas después del Europeo. Los barrios de Ginebra estaban llenos de banderas… pero de España y Portugal, es decir de los hijos de los emigrantes de los 50 y 60.

    Yo me quedo con la normalidad del uso de los símbolos que son de todos, que nos representan a todos (nos gusten o no) y que denotan que la mayoría de las nuevas generaciones están por encima del debate de si esta es la nuestra, la de Franco o la de los rojos…, es la suya y ya está. Como en todos los países.

    Si, lo reconozco, soy un afrancesado. La marsellesa me pone los pelos de punta y me admiro el orgullo que tienen de sus valores republicanos y nacionales (que no son solo símbolos, sino un modelo de sociedad). Si yo siempre digo, que a este país le faltó una revolución en el siglo XIX en lugar del viva las caenas….

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