SOBRE GUERRAS SUCIAS Y OPORTUNISMOS VARIOS…

10 Nov

Menuda polémica forzada la generada tras la entrevista a Felipe González en El País del domingo, cuando contó que tuvo en su mano la aplicación de una acción ilegal para acabar con la vida de la cúpula de ETA en Francia, a finales de los 80 y no lo hizo. Los que se rasgan las vestiduras, ignorando lo que ellos mismos decían años antes sobre la “guerra sucia” (como Pedro Jeta), el contexto de violencia desatada en esos años por ETA o que las acciones de “guerra sucia” contra los terroristas llevaban en marcha desde antes de la democracia y acabaron en el año 87, han iniciado de manera oportunista la reapertura mediática de los GAL, casos juzgados y cerrados, con el apoyo de delincuentes confesos en busca de dinero como Amedo, viudas de terroristas y el consiguiente alborozo por parte del mundo proetarra que recibe una válvula de escape para, recordando tiempos pasados, justificar la existencia de la “lucha armada” contra el estado opresor…

Claro, que si no les importó a algunos poner en solfa la estabilidad del estado antes, no les va a importar ahora…

Para los que estuvimos en contra de cualquier tipo de atajo en forma de guerra sucia contra ETA entonces y lo estamos ahora, las declaraciones de González no dejan de ser una reflexión en voz alta, 25 años después, de quien tuvo en su mano tomar medidas drásticas en un momento complicado, donde todos los años se enterraban a decenas de policías, guardia civiles…. Se puede compartir o no lo que dice y lo que hizo o no hizo, incluso no entender porque lo cuenta ahora, pero poner cara de sorpresa ante el hecho de que los servicios secretos de un país, puedan plantear medidas que bordean o traspasan la línea de la legalidad, es de un infantilismo insoportable, que se puede entender en el común de los mortales, pero no en analistas o políticos que sepan sumar… Nos podrá gustar o no, pero el mundo funciona así de momento. Y la defensa de nuestros derechos y libertades, a veces, se hace o se ha hecho con métodos que no nos gustaría conocer y que no compartiríamos.

Pero que no queramos oírlo, no quiere decir que no exista… y no quiere decir que tengamos que estar de acuerdo. Yo ni estuve, ni estoy, de acuerdo con que se sobrepasen los límites del estado de derecho. Ni contra ETA, ni contra Bin Laden, ni contra nadie, porque esta es la debilidad es verdad, pero también la garantía de que vivimos en libertad.

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