CON GRAMSCI, A LA DERIVA…

6 Dic

Como bien dice Joaquín Estefanía en El País, se lee poco a Antonio Gramsci. En general es que se lee poco. Quien sabe si a lo mejor, con la reedición de sus “Cuadernos de la cárcel”, vuelve a ponerse de actualidad un pensador que revolucionó el marxismo, sacándolo de la ortodoxia soviética de los años 30 y 40, y que en nuestro país, fue conocido gracias a otro gran pensador, el intelectual marxista e introductor de la Ecología Política en nuestro país, Manuel Sacristán. Yo mismo, he recuperado de la estantería y quitado el polvo, a la compilación comentada por el propio Sacristán de los textos de Gramsci, para ver si ahí se encuentran algunas inspiraciones para la necesaria renovación y redefinición de la izquierda en estos tiempos de incertidumbre y quien sabe si de intemperie.

La izquierda en particular y el campo progresista en general (que sin duda sobrepasa los límites clásicos de la izquierda), corre el riesgo en esta crisis económica, pero sin duda alguna fundamentalmente de valores, de o desaparecer bajo oleadas de economicismo ultraliberal o caer en el error de buscar no ya inspiraciones en los clásicos, sino creer que la aplicación dogmática de los mismos es la solución a nuestros problemas.

Recuerdo una escena en la película de Ettore Scola, Mario María Mario, donde en un debate en una célula del PCI, el partido fundado por Gramsci, en pleno debate sobre la oportuna o no desaparición del mismo tras la caída del Muro de Berlín, un partidario de la disolución se lamenta de como los que partidarios de la ortodoxia comunista, que ejercen el papel de víctimas ofendidas, están mucho más cómodos porque tienen donde agarrarse, los símbolos y los viejos ideales, pero que ellos, los que defienden la renovación y el giro, están como un tronco a la deriva, sin saber donde van a llegar.

Esta reflexión sirve sin duda para los que estamos deseosos de iniciar nuevos caminos, porque creemos que en estos momentos no nos sirven las viejas recetas. La izquierda está en estos momentos a la deriva. Y no me refiero a la electoral, que siendo importante no es lo fundamental, sino a la deriva intelectual de no lograr dar respuestas a los problemas de hoy sobre las que construir un nuevo futuro. Gramsci lo hizo en los años 30 y 40. La izquierda tiene que reflexionar y rápido, sobre que sociedad queremos y como la vamos a hacer realidad.

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