De corruptos y consentidores…

4 Jun

El diario nada sospechoso de izquierdismo que dirige Pedro J, ha publicado hoy una extensa información acerca de la trama de corrupción generalizada en el PP valenciano. Trama que desde la dirección nacional del PP se esconde, disimula y encima se valora como magnífica la labor de los Camps, Fabras etc… ¿Tiene Rajoy algo qué decir?

Es cierto que algo falla en nuestro sistema y en nuestra sociedad. Los corruptos no sólo no son castigados por las urnas y casi nunca por los jueces, sino que encima se pasean con toda la sinvergonzonería del mundo dando lecciones de moral, que diría Serrat. El caso Gurtel, los ERES de Andalucia, Brugal, Prenafeta…, lo que pasa a la vuelta de cualquier esquina y más cerca de lo que muchos se piensan, son caras de una misma moneda: la de la impunidad orgánica, legal y social de los corruptos. Impunidad que acaba asqueando y desprestigiando incluso a quienes creemos que la política es la única herramienta que tenemos la gente común para defender nuestros derechos y construir un mundo mejor. Asco que a veces nos lleva a plantearnos muchas cosas…

Por eso hago una defensa a ultranza de la política como herramienta de transformación social. Y acuso, al estilo de Zola, a quienes  son corruptos, transfugas, indignos de estar representando a sus conciudadanos. Y acuso también a quienes les votan pese a saber lo que son y hacen. Y acuso también a quienes desde las estructuras de los partidos no cortan de raiz esta situación. Y me acuso a mi mismo de no saber como hacer más para acabar con esto…

En definitiva, que aunque a veces la política o mejor dicho el uso que se hace de ella, de asco…, sigo creyendo que sólo desde la política, los ciudadanos organizados de forma colectiva podemos hacer algo. Y mientras no inventemos otro mecanismo de participación, las urnas, las elecciones, son una forma clara, sin duda no la única, pero si decisiva de expresar y decidir por donde queremos ir.

Hay que eliminar de las instituciones a los sinverguenzas. Es cierto. Pero hay también que conseguir que esa masa de ciudadanos que vive feliz en su casa y que ampara a esos sinverguenzas que nos roban, no sólo el dinero o los votos, sino también la dignidad, se de cuenta de su error o al menos sean minoría. ¡Qué ya está bien… leches!

Como ven, hoy me he levantado acusica y peleón… 🙂

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Una respuesta to “De corruptos y consentidores…”

  1. isabel 4 de junio de 2011 a 9:34 pm #

    Hola Oscar.
    Cuál es definición de indignación?
    Porque, a veces, creo que es como ese zumo de naranja que te tomas en ayunas por las mañanas. Te hace excretar todas las inmundicias que, de otra manera, no saldrían. Porque es capaz de desinhibir cualquier bloqueo, en este caso moral que, de otra manera, impediría expresarnos con la suficiente contundencia.
    Y es que algunas cosas, lo precisan.
    Otras definiciones me hacen preguntarme por su naturaleza. El beneficio es una de ellas. Igual que el Tengo ha superado al Soy y ahora forma parte de nuestra conducta y moral; el dinero sustituye a la felicidad y el beneficio representa el camino de su consecución como antes la propia felicidad quedaba representada por la búsqueda de la misma. Aunque tengamos poca alma de emprendedores, parece que un hálito empresarial gobierna nuestras vidas. Sacamos partido de la amistad, de la familia… y hasta el amor parece haberse puesto a disposición de la necesidad. Qué sorprendentemente materialista suena nuestra vida.
    Esta ponzoña que atrapa a nuestro entorno cercano se extiende a toda la humanidad partiendo desde el borde de nuestras propias manos. No es más indignante servirte de alguien cercano para la consecución de tus propósitos que inducir al resto de la humanidad a que secunde tus propios criterios en único y propio beneficio o servirte del empobrecimiento, la enfermedad o la guerra que sufren l os demás para enriquecerte.
    No se trata de eliminar al que está ensuciando nuestra casa, nuestra ciudad o nuestro país, nuestro planeta. Se trata de que su propio beneficio no vaya en contra de los beneficios de los demás; después podremos intentar que el beneficio de uno sea también el de unos pocos; y, finalmente, me gustaría lavar esta palabra para que el beneficio solo lo fuera si fuera común. Que solo existiera si todos salen ganando; si nadie puede resultar perjudicado; si no son los mismos de siempre los que se lucran; si no existen diferencias sociales; si todo el mundo puede participar de la vida y de sus mercedes.
    Y, como aún queda mucho tiempo para escribir cartas a cualquier mago, rey o no, me limito a imaginar que esta utopía está al alcance de nuestra voluntad. Que se puede trabajar día a día por conseguirla. Que un pequeño avance es una conquista y que aquellos que intentan coger atajos en su propio beneficio, deben tener un castigo terrenal y equitativo. Pero, sobre todo, debemos luchar porque la cultura de los atajos y los beneficios individuales sea frenada para siempre.
    No descarto la posibilidad de que futuras generaciones nos tachen de lo que realmente somos por lo que hemos permitido. Será la señal de que se empieza a superar verdaderamente esta crisis de valores y “definiciones” que estamos dejando en herencia a nuestros hijos.

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